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Las terapias no determinan que el dependiente no recaiga, pero le fortalecen su espiritualidad

Un adicto siempre será adicto. La adicción es una enfermedad  crónica y progresiva igual que la hipertensión y la diabetes. Así como un diabético y un hipertenso morirán con esos padecimientos, un adicto muere siendo adicto.
Sin embargo, de la misma forma que el diabético controla la ingesta de azúcares y el hipertenso hace una dieta baja en grasas y carbohidratos, el dependiente de sustancias puede recurrir a un sinnúmero de terapias para controlar su adicción, afirma Elena Hasbún de la Fundación Krysallis.
Terapias.  Un adicto es un ser biosicosocial por lo que el plan de tratamiento debe abordar todas las fases que se comprometen por el uso  sustancias o por una conducta.

Una primera fase del plan de tratamiento trabaja la abstinencia; el retiro de la sustancia o de la conducta, es decir la parte biológica. Normalmente cuando el paciente llega tiene su cerebro comprometido y lucha para dejar la dependencia al estupefaciente.
Después que pasa esa fase se trabaja con ayudar a ese individuo a hacer un proceso interno emocional; el pasado, el rechazo que siente en la familia y el  abandono.
Cuando el dependiente de sustancia tiene más estabilidad emocional se procede a enfocar la  reinserción a los grupos de autoayuda. Esta etapa permite que el terapeuta acompañe al adicto a elaborar su plan de vida a largo plazo.
Como explica el psicólogo Edwin Bueno del Centro Fénix, se enfocan las diferentes áreas  laborales y  social del individuo, ayudándolo  a reinsertarse de una  manera adecuada a su vida.
 “Cuando salen de aquí ya tienen un primer proceso de vivir diferente, y son responsables de su propio proceso”, señaló el terapeuta de adictos.
En el caso del Centro Fénix ofrecen un período de residencia donde el paciente está siempre en la entidad, luego pasan a la casa de medio término donde  se le da más facilidad y comienza a manejar dinero de manera supervisada.
Después que se ingresa a la fase ambulatoria donde puede vivir con la  familia o viviendo solo y después viene pos-cuidado que se va a terapia  una vez a la semana.  Ese es el proceso en su totalidad y en cada área el individuo asume un rol diferente.
Recaída.  La recaída no hay posibilidad de evitarlas, solo un milagro puede hacer que el adicto recaiga. “Porque primero no hay ninguna enfermedad que realmente se cure. Te da una gripe y tú te bebes una pastilla y se quita, nada es absoluto. Nosotros  tenemos pacientes de 15 y 18 años limpios, eso depende de cada ser humano. El programa no te puede decir a ti que si tú traes a tu familiar, es cien por ciento seguro, porque no es posible eso” sostuvo Bueno.
Además, explicó que las recaídas se deben a que son seres humanos con mucha inseguridad y debilidad.
 “Al individuo le  tiene que pasar algo para que se dé el milagro y es creer.  Hay personas que creen y tienen la capacidad de poder sobre llevar la adicción. Mientras,  la persona que no cree  vuelve a caer”, dice Bueno.
El proceso de recuperación del adicto empieza en el momento que reconoce que es adicto y que no puede superar esa dependencia solo.
El codependiente
La familia se convierte en codependiente de la sustancia porque tiene que enfrentar los daños colaterales que genera el abuso de estupefacientes en el adicto. De hecho, por cada adicto hay siete personas afectadas que son las que conviven con él directamente y pelean juntos la batalla contra la adicción.
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