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Francina Hungría construye su gran obra

La ingeniera Francina Hungría.
La ingeniera Francina Hungría.

Era alrededor de la 1:30 de la tarde del viernes 23 de noviembre de 2012, la ingeniera civil Francina Hungría salía de una ferretería donde fue a comprar unos materiales y en ese mismo momento, José Manuel Vidal Félix (Memín) y sus cómplices, quienes ya habían asaltado a una señora y querían escapar del lugar, vieron a la muchacha salir en su vehículo y con ella la opción de  transporte más rápido. Para quitarle el auto su decisión fue dispararle justamente en el rostro.

La historia es harta conocida por todos los dominicanos que pasamos una Navidad  pendientes de la suerte de la joven ingeniera que por casualidades del destino fue una víctima más de la delincuencia “civil”, que atenta contra el desarrollo del país, que perdió un ojo y tenía el otro en peligro de perderlo.

En mi calidad de periodista fui varias veces al centro médico donde estaba recluida; la veía a ella con los ojos vendados y casi siempre dormida. En tanto, su padre, el ingeniero Frank Hungría, salía al frente a dar las declaraciones. Trataba de ser fuerte pero su cara lo delataba, sus ojos cada vez eran más tristes y la desesperación afloraba por momentos.

Don Frank no quería aceptar una realidad inminente, su hija quedaría ciega. No valieron los esfuerzos que hicieron los médicos en el país, sin embargo, quedaba la opción de ir al extranjero detrás de los avances médicos. Ahí iniciamos una larga tanda de llamadas telefónicas donde un día la misma Francina dijo  que no le guardaba rencor a quienes le arrebataron la vista  y resaltaba su infinita fe en Dios.

Esa fe en Dios no le devolvió la visión, pero ese ser supremo en el que algunos creemos fortaleció a Francina Hungría de una manera tal que con solo escucharla ya se percibe una fuerza sin igual. La veía en los juicios donde solo uno de los cinco que estuvieron involucrados en el asalto donde perdió la visión fue condenado a 30 años de prisión, los demás fueron descargados.

Sin embargo, ni la decisión injusta de la justicia dominicana le quitó a Francina las ganas de vivir. Quizás ya no pueda subir a una obra a ejercer su profesión, pero sí hará una obra mucho más grande: hacer que las personas no videntes sean tomadas más en cuenta. Yo me emociono tanto cuando la veo participar en programas de radio y televisión porque la percibo adaptada a su nueva vida y muy empoderada.

Para este domingo 6 de julio la Fundación Francina Hungría celebra el primer Clásico de Beep Béisbol en el país, en el Estado Olímpico veremos personas no videntes “jugar pelota”, así como se diría en buen dominicano, y sé que habrá casa llena.

Francina es un ejemplo de que hay que depositar confianza en Dios y no guardar rencor contra nadie. Escuchar y ver a Francina es darse cuenta de que ante toda caída hay que levantarse. Su voz transmite paz y su sonrisa franca es una muestra de que  su alma está limpia.

La obra de Francina Hungría empezó ese “trágico” viernes 23 de noviembre cuando sorpresivamente perdió la vista, pero ganó la batalla a la depresión y al lamento convirtiéndose en un ejemplo a seguir. Ahora los ojos de Francina son su corazón y su pasión por la vida.

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