Opinión

Horas antes de Madrid

Estudiantes dominicanos que cursarán maestrías en la Universidad Antonio de Nebrija.
Estudiantes dominicanos que cursarán maestrías en la Universidad Antonio de Nebrija.

Tengo casi cuatro horas en el avión. Voy en el vuelo 88 de Air Europa con destino a Madrid y llevo los sentimientos vueltos una etcétera, me siento emocionada, ansiosa y nostálgica. Abro la ventanilla del asiento 24A donde estoy sentada, veo estrellas y debajo del ala una alfombra de nubes blancas y grises que se destacan en la oscuridad.

Observo el reloj, que aún mantengo con la hora de República Dominicana, ya es medianoche. De inmediato me llegan a la mente la imagen de mi esposo viendo televisión, de mis padres preparándose para acostarse y de mis hermanos. Recuerdo los abrazos de mis abuelos, mis tías, mis primos y mis vecinos que se despidieron de mí unas horas atrás. Pienso en todos con cariño y me agarra la nostalgia.

Trato de dormir pero es prácticamente imposible conciliar el sueño. La señora que va a mi lado, de Puerto Plata, no para de contarme su historia. Tiene 17 años residiendo en España; su marido, un español con quien no tuvo hijos, murió hace unos años y repartió su herencia, a ella le tocó la pensión y con eso se mantendrá viajando hasta el final de sus días, porque a sus cuarenta y cuatro años está “muy cansada para seguirse matando”.

Antes de dormirse profundamente, la señora me recomendó que pidiera el pollo de cena, porque “llena más que esos espaguetis”. Me narró que trabajó como camarera en Holanda y que vive en Zaragoza, a cuatro horas en bus, desde Madrid.

Nos comimos el arroz con pollo, ella tomó cerveza y yo jugo, luego ella prefirió té y yo café. Me dijo tras acabar la cena que daría una “dormidita”, entonces cuando la azafata quitó los platos de su mesa, rezó, se persignó y se quedó profundamente dormida. Dio vueltas en el asiento, incómodo por demás, como si estuviera en una buena cama.

De vez en cuando roncaba y tan profundo era su sueño que dejaba caer la cabeza en mis hombros. En ese tiempo, yo vi dos películas, “Maléfica”, que la vería con mi esposo, pero nunca sacamos el tiempo, y “Bajo la misma estrella”. Además escribí esta crónica.

A las 10:30 del lunes 5 de octubre, hora de España, ya estaba en el Aeropuerto de Barajas y lo demás se lo resumiré en otra entrada.

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